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PEMEX 2025-2035 | Nuevo Plan, Viejos Desafíos

El Gobierno de México ha presentado el Plan Estratégico 2025-2035 de Petróleos Mexicanos (Pemex) con el ambicioso objetivo de hacer a la empresa energéticamente autosuficiente y un pilar del desarrollo nacional. Bajo la administración de Claudia Sheinbaum, la meta es que Pemex deje de depender de transferencias fiscales. Aunque el enfoque ha evolucionado, los desafíos estructurales y financieros persisten.



Breve historia de Pemex

Antes de 1900

Descubrimiento de chapopoteras en Tabasco; producción muy limitada.

1901

Primer pozo rentable en la Huasteca potosina (Mexican Petroleum Company).

1901-1910

Ley petrolera del Porfiriato: apertura a inversión extranjera con regalías.

1912

Decreto de Madero: impuesto especial a producción y registro de compañías.

1915

Creación de la Comisión Técnica del Petróleo; adopción del sistema métrico y resoluciones técnicas en español.

1919

Creación del Departamento del Petróleo.

Década de 1920

Administración General del Petróleo Nacional; auge en la Faja de Oro; 80 productoras, capital mayoritariamente extranjero.

1935

Nace Petromex, 5ª empresa petrolera pública más grande del mundo.

1938

Expropiación petrolera decretada por Lázaro Cárdenas. Creación formal de Pemex con activos de empresas expropiadas.

Década de 1940

Absorción paulatina de empresas restantes; fin del boicot británico; indemnizaciones concluyen.

1940-1970

Pemex se consolida como organismo público descentralizado.

1971

Primera plataforma petrolera en aguas del Golfo de México.

1973

Crisis energética por embargo de la OPEP; boom para México y LATAM;

explotación de Cantarell (2º yacimiento más grande del mundo).

1977-1982

Mayor expansión productiva: hasta 2.4 millones de barriles/día.

1992

Nueva Ley Orgánica de Pemex; creación de 4 subsidiarias; se permite participación privada limitada.

Finales 1990s

Carga fiscal excesiva; pagos diarios, semanales y mensuales al fisco.

2004

Pico histórico de producción: 3.4 millones de barriles/día (2.4 de Cantarell).

2008

Reforma Energética para fortalecer exploración y extracción.

2013

Reforma Constitucional: apertura a inversión privada en toda la cadena; es empresa productiva del Estado.

2014-2015

Caída de precios del crudo; pérdidas superiores a 700 mil millones MXN.

2017

Nueva Ley de Ingresos sobre Hidrocarburos.

2018-2024

Cambio de política petrolera con AMLO; foco en el “rescate” de Pemex, sin modificar marco jurídico.


Desde los yacimientos de la Huasteca en 1901 hasta el hallazgo del megacampo Cantarell en los años 70, la historia de Pemex ha estado íntimamente ligada al destino económico y político del país. Fundada oficialmente tras la expropiación petrolera de 1938 decretada por el presidente Lázaro Cárdenas, Pemex nació como una empresa nacionalista, producto de la lucha entre el poder político y el económico extranjero.


Durante el periodo conocido como Desarrollo Estabilizador (1950–1970), Pemex fue clave para el crecimiento económico. Posteriormente, la crisis fiscal de los 80 y la caída en la producción de Cantarell a partir de los 2000 marcaron el inicio de su declive financiero. En 2013, la Reforma Energética abrió la puerta a la inversión privada, pero no resolvió los problemas estructurales de la petrolera. Años después, el “rescate” planteado por el gobierno de AMLO reformuló su estrategia sin modificar el marco jurídico de fondo.


Actualmente, Pemex produce 1.6 millones de barriles diarios, lejos de los 3.4 millones de su pico en 2004. La empresa sigue siendo la petrolera más endeudada del mundo y, pese a su papel estratégico, continúa drenando recursos públicos. Su operación genera apenas el 3% del PIB nacional, y enfrenta una carga fiscal históricamente alta que ha limitado su reinversión productiva.



Plan Estratégico 2025-2025


El nuevo plan de Pemex establece dos objetivos centrales, operativo y financiero, con metas ambiciosas, pero cuestionamientos sobre su viabilidad y coherencia con las políticas energéticas y ambientales del país. Los ejes estratégicos incluyen: fortalecer la soberanía energética, aumentar la producción de hidrocarburos y petroquímicos; reducir emisiones; diversificar fuentes de energía; mejorar la eficiencia operativa y financiera; y atraer inversión privada alineada al interés nacional.


Eje operativo y de diversificación


La meta es alcanzar 1.8 millones de barriles diarios de crudo y 5,000 millones de pies cúbicos diarios de gas natural en 2028, impulsando proyectos como Zama, Trión y campos maduros. Incluye inversión continua en el Sistema Nacional de Refinación (pese a pérdidas crónicas de 12 USD por barril refinado), construcción de tres nuevos gasoductos, cuatro plantas de cogeneración y proyectos conjuntos con CFE en renovables. Se plantea diversificar hacia producción de litio a partir de salmueras petroleras y explorar solar, eólica, geotérmica, hidrógeno y biocombustibles.


Eje financiero


La pieza central es un fondo estructurado de inversión por 250,000 millones de pesos, administrado por Banobras y financiado con recursos públicos, banca de desarrollo, banca comercial e inversión privada. El plan contempla la reducción gradual de la carga fiscal, emisión de notas precapitalizadas, capitalización de pagarés históricos con CFE y una meta de reducir la deuda total entre 25% y 26% para 2030, bajo un nuevo régimen fiscal. Hay que resaltar que existe confusión sobre si los recursos se destinarían también a inversión productiva.


Pemex, mayor emisor de deuda en América Latina, arrastra pasivos que en la práctica son deuda soberana. El plan reconoce tres vertientes urgentes:


  1. Pago de deuda financiera, con emisión de bonos respaldados por Hacienda.

  2. Deuda a proveedores, que supera los 21,000 millones de dólares; aunque el fondo cubriría pagos solo para 2025.

  3. Rentabilidad futura, aún sin un plan operativo realista para un crecimiento sostenido.


En exploración y producción Pemex mantiene márgenes positivos (80% de sus ganancias), pero pierde en refinación, petroquímica, almacenamiento y comercialización. La apuesta por fracking y yacimientos no convencionales enfrenta limitaciones: para sostener 100,000 barriles diarios se requerirían cerca de 1,000 pozos por año, cuando en toda la historia del petrolera del país apenas se han perforado 8,000. El ecosistema industrial para ello (proveedores, materiales, servicios) es insuficiente y en algunos casos inexistente. La arena especial para fractura hidráulica, por ejemplo, solo se produce en una mina en el país. Esto implica que un costo no contemplado sería su importación.


Pemex autosuficiente: ¿meta realista?


La estrategia retoma asociaciones público–privadas, aunque sin reglas claras, y mantiene un énfasis en refinación y transformación industrial, áreas con pérdidas recurrentes. La inclusión del fracking (solo mencionado como “yacimientos de geología compleja” o “nuevos esquemas de extracción”) contradice posturas ambientales previas y promesas de campaña, además de implicar riesgos para la salud (malformaciones congénitas, abortos espontáneos, enfermedades neurológicas y respiratorias) y para el clima y choca con compromisos internacionales como el Acuerdo de París de acciones contra la crisis climática. Refleja también una falta de alineación entre las Secretaría de Energía y de Medio Ambiente.


El plan promete mejorar la gobernanza corporativa, reducir emisiones e implementar prácticas de economía circular. Sin embargo, no se han presentado mecanismos claros, públicos y auditables para evaluar estos avances, lo que dificulta distinguir entre inversión estratégica y subsidio disfrazado.


Que Pemex deje de requerir apoyo fiscal en 2027 dependerá de avances concretos en cuatro frentes: reducir el costo financiero, administrar mejor los vencimientos de deuda, disminuir los pasivos con proveedores y garantizar transparencia en el uso del fondo estructurado. Sin estos indicadores, el objetivo de autosuficiencia queda en un mero discurso.


Impacto para el sector empresarial en América Latina

Riesgos


La dependencia en transferencias fiscales o subsidios gubernamentales puede ocultar ineficiencias estructurales y limitar la innovación; la falta de mecanismos de transparencia y auditoría facilita corrupción y uso político de los recursos; y la apuesta por tecnologías controvertidas como el fracking sin licencia social puede generar conflictos y riesgos reputacionales.

Oportunidades


El rediseño financiero y operativo, si se ejecuta con disciplina y métricas claras, puede fortalecer la confianza de inversionistas; la

diversificación hacia energías limpias y nuevos minerales abre mercados emergentes; y las asociaciones público–privadas bien reguladas pueden movilizar capital y tecnología sin perder control estratégico.

Aprendizajes


La sostenibilidad a largo plazo exige gobernanza corporativa sólida, autonomía de gestión frente a ciclos políticos, y un equilibrio entre rentabilidad,

responsabilidad social y compromisos ambientales. Pemex es un recordatorio de que la escala no garantiza éxito si no está acompañada de eficiencia operativa y credibilidad institucional.



La historia de Pemex ha estado marcada más por las necesidades fiscales del Estado que por una lógica empresarial de largo plazo. La falta de autonomía presupuestal, el exceso de cargas fiscales, la corrupción y la ausencia de reformas profundas han limitado sistemáticamente su margen de maniobra.


El Plan 2025–2035 representa un rediseño financiero, operativo y energético que busca reducir costos e incrementar ingresos, pero que mantiene dudas sobre su ejecución, el realismo de sus proyecciones y la coherencia entre metas productivas, compromisos ambientales y sostenibilidad fiscal.


Su éxito dependerá no solo de su diseño técnico, sino de la voluntad política, la transparencia y la capacidad para romper con inercias históricas. O Pemex logra reinventarse como una empresa moderna, eficiente y sustentable, o seguirá siendo un símbolo de oportunidades perdidas.

 
 
 

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