Geopolítica energética y su impacto en América Latina
- Florencia Mercado

- Jul 24, 2025
- 8 min read
Updated: Mar 28
El reciente conflicto entre Israel e Irán escaló en una "Guerra de Doce Días" marcada por ataques aéreos, represalias y la intervención de Estados Unidos. La crisis ha intensificado la fragilidad regional, la amenaza nuclear y los riesgos energéticos, con impactos económicos a nivel global.
Irán, con su ubicación estratégica en el Golfo Pérsico y el Estrecho de Ormuz, es clave para la seguridad energética mundial. Aunque los precios del gas han disminuido desde el verano de 2024, aliviando presiones inflacionarias, la continuidad del conflicto mantiene la volatilidad en los precios del petróleo y la incertidumbre sobre el suministro energético.
La situación se agrava con la crisis humanitaria, la desorganización de los grupos proxy iraníes y la creciente preocupación por el programa nuclear de Irán, especialmente tras los ataques a instalaciones nucleares en junio de 2025.
Este conflicto no solo redefine el equilibrio en Medio Oriente, sino que también reconfigura la geopolítica global (al involucrar a EE.UU., Rusia y China) y genera efectos indirectos en regionales como América Latina, por su dependencia energética. Para empresas con presencia internacional, el entorno actual representa un contexto de mayor incertidumbre, riesgos operativos, presiones en costos energéticos... pero también de oportunidades energéticas.
¿Qué está pasando en Irán?
Régimen, conflicto y repercusiones globales
Irán sigue siendo un actor central en la geopolítica global, no solo por su ubicación estratégica en Medio Oriente, sino por su sistema político, su historial de conflictos y sus alianzas internacionales. Desde la Revolución Islámica de 1979, el país ha sido gobernado como una teocracia en la que la autoridad política y religiosa están entrelazadas.
¿Qué es una teocracia? Es una forma de gobierno donde la autoridad política se considera emanada de la divinidad y es ejercida directamente por líderes religiosos o por un soberano que actúa en nombre de Dios. En esencia, es un sistema en el que la religión y el Estado están estrechamente vinculados, y las leyes y decisiones políticas se basan en principios religiosos (FundéuRAE).
La muerte del expresidente Ebrahim Raeesi en mayo de 2024 provocó elecciones anticipadas, resultando en la llegada al poder de Masoud Pezeshkian. Sin embargo, su elección no ha implicado un cambio sustancial en el rumbo político del país. Las políticas represivas se han intensificado, especialmente contra mujeres, minorías étnicas y activistas.
Irán mantiene una de las tasas de ejecución más altas del mundo y la persecución sistemática alcanza a grupos como los bahaíes, kurdos y baluchíes. Discriminación contra las mujeres persiste tanto en el ámbito legal como social y ha habido un incremento alarmante en los feminicidios. A ello se suma la represión contra la comunidad LGBTQ+. Las condiciones en las cárceles son graves y el trato a personas refugiadas, especialmente afganas, ha sido ampliamente denunciado por organismos internacionales. Aunque ciertos sectores de la sociedad civil han logrado que el nuevo presidente revisa algunos casos individuales, la represión sigue siendo generalizada.
En el plano internacional, Irán mantiene una política exterior beligerante apoyada en una red de aliados y grupos proxy como Hezbollah, las milicias chiíes en Irak, los hutíes en Yemen y fuerzas en Siria. Su ambición nuclear, su participación en la Guerra Irán-Irak (1980-1988) y su apoyo a grupos como Hezbollas y al régimen de Bashar al-Assad han generado tensiones internacionales. Esta estructura beligerante le permite proyectar poder en la región y contrarrestar las presiones occidentales, especialmente de EE.UU. e Israel. Desde su retirada del acuerdo nuclear (JCPOA) en 2018, EE.UU. ha intensificado las sanciones, lo que ha contribuido a la radicalización del régimen y al estancamiento de cualquier intento de diálogo sustantivo.
¿Qué son los grupos proxy? Son organizaciones o milicias que actúan en nombre o en interés de un Estado pero sin ser parte oficial de su gobierno o ejército. Estos grupos suelen estar financiados, entrenados o armados por un país para influir en conflictos, desestabilizar regiones o extender su poder sin involucrarse directamente. En el caso de Irán, sus grupos proxy más conocidos son: - Hezbollah en el Líbano,- Hutíes en Yemen, - y milicas chiítas en Irak y Siria.Irán utiliza a estos grupos para proyectar su influencia en Medio Oriente y enfrentar indirectmente a sus rivales, como Israel, Arabia Saudita o EE.UU. sin arriesgar una guerra directa.
La Guerra de los Doce Días
La tensión llegó a un nuevo punto crítico con la llamada "Guerra de los Doce Días" iniciada el 13 de junio de 2025 tras bombardeos israelíes a instalaciones nucleares iraníes. El conflicto dejó al menos 638 muertos y generó una fuerte respuesta en Teherán. EE.UU. intervino militarmente, lo que atrajo el involucramiento indirecto de otras potencias como Rusia y China. El epicentro del conflicto, El Estrecho de Ormuz, representa un punto geoestratégico clave por donde transita más del 20% del petróleo mundial.
Aunque los precios del gas cayeron temporalmente durante el verano de 2024, la incertidumbre energética y logística se mantuvo alta, afectando especialmente a economías dependientes del comercio internacional, como las latinoamericanas.
Israel, en línea con su doctrina de intervenciones preventivas para frenar la proliferación nuclear, atacó instalaciones críticas como la planta de Fordo. Sin embargo, debido a su blindaje subterráneo, estas infraestructuras son prácticamente inmunes a ataques convencionales, lo que ha llevado a
considerar operaciones encubiertas o el uso de bombas bunker buster. Esta estrategia recuerda precedentes como la destrucción del reactor nuclear iraquí Osirak (1981) o el ataque a un sitio nuclear en Siria (2007).
La coalición informal entre Irán, Rusia, China y Corea del Norte actúa como un eje revisionista frente al orden internacional liberal. Irán ha suministrado drones a Rusia que han sido utilizaos en Ucrania y contra Israel, profundizando el carácter transnacional del conflicto... pero la falta de coordinación entre sus aliados y los bombardeos israelíes han debilitado tanto la defensa antiaérea iraní como la capacidad operativa de sus proxies.
Pese a la declaración de un alto al fuego, Irán ha mantenido ataques, incluyendo un atentado a la base aérea de Al Udeid en Qatar, donde se encuentran tropas estadounidenses. El conflicto no solo intensifica las tensiones regionales, sino que también tiene efectos globales, desde la volatilidad energética hasta el riesgo de que células extremistas encuentren apoyo en terceros países.
¿Qué son las bombas bunker buster? Las bombas "bunker buster", o rompe-búnkeres, son armas diseñadas para destruir instalaciones subterráneas o fuertemente protegidas, penetrando en el suelo antes de detonar.
Riesgos, tensiones y oportunidades para LATAM
El conflicto entre Irán e Israel, sumado a la amenaza nuclear, tiene repercusiones a nivel internacional, incluso en América Latina. La guerra en Ucrania, el conflicto en Medio Oriente, la transición hacia energías limpias y las disputas entre potencias como EE.UU, Rusia, China e Irán han alterado profundamente las dinámicas globales.
El reciente enfrentamiento entre Israel e Irán, aunque no directamente vinculado con el genocidio en la Franja de Gaza, ha evidenciado la fragilidad del equilibrio geopolítico, con implicaciones que van desde la proliferación nuclear hasta amenazas al comercio energético. Irán, con un régimen impredecible representa un riesgo creciente, especialmente si accede a armamento nuclear.
Ámbito empresarial
En un entorno global marcado por tensiones crecientes, la energía es un recurso estratégico que moldea el poder económico y la estabilidad política de las naciones.
Además, las interrupciones en rutas clave como el Mar Rojo o el Estrecho de Ormuz, así como las sanciones a actores como Rusia e Irán han incrementado la volatilidad en precios de petróleo, gas y otros insumos críticos. América Latina no es parte directa de estos conflictos, pero su alta dependencia de exportaciones de materias primas y energía la hace particularmente vulnerable a la disrupción logística, a las fluctuaciones de precios y a la incertidumbre global.
En este contexto, América Latina se encuentra ante una doble oportunidad: capitalizar su riqueza en recursos naturales para posicionarse en la transición energética pero también reforzar su resiliencia ante riesgos indirectos. Para las empresas con operaciones internacionales, esto implica diversificar proveedores, fortalecer la logística y robustecer capacidades en gestión de riesgos cibernéticos, financieros y reputacionales.
Tipo de Riesgo | Descripción | Impactos en LATAM |
Energéticos | La seguridad en rutas críticas como el Estrecho de Ormuz condiciona el precio del crudo y el gas. Empresas con presencia en la región enfrentan sanciones, bloqueos e inestabilidad. | Aumento en los costos operativos, interrupciones en el suministro energético, pérdida de competitividad para países importadores como México. |
Reputacionales | Las empresas vinculadas directa o indirectamente a actores del conflicto (Irán, Rusia, etc.) pueden enfrentar boicots, sanciones o afectaciones a su imagen. | Necesidad de reforzar controles legales y de cumplimiento para evitar consecuencias legales, financieras y de reputación. |
Financieros | Fluctuaciones en los precios de la energía por tensiones geopolíticas. Aunque hubo alivio en 2024, los conflictos podrían hacer repuntar precios nuevamente. | Aumento en inflación, encarecimiento del transporte y los alimentos, presión fiscal; impacto negativo en sectores clave como manufactura. |
Cadenas de suministro | La disrupción en rutas marítimas afecta exportaciones y abastecimiento regional, especialmente en sectores agroindustriales. | Dificultades logísticas en países como México, Chile y Perú; posibles retrasos y aumento de costos en comercio exterior y distribución interna. |
Ciberseguridad | Mayor militarización del ciberespacio y tensiones geopolíticas aumentan el riesgo de ciberataques en sectores críticos. | Urgencia de fortalecer infraestructuras digitales en energía, finanzas y servicios públicos ante riesgos crecientes de ciberseguridad. |
Nuevas oportunidades, nuevos dilemas
Las tensiones geopolíticas globales han puesto en jaque el acceso, costo y seguridad del suministro energético. Al mismo tiempo, la transición energética abre nuevas oportunidades y dilemas emergentes: América Latina concentra la mayor parte del litio mundial y posee gran potencial en energías renovables (hidráulica, solar, eólica). Esta riqueza estratégica en minerales críticos y energías renovables podría posicionar a la región como protagonista de la nueva matriz energética global, pero también puede intensificar disputas territoriales, conflictos sociales y con comunidades locales, retos de gobernanza y presiones externas.
Para las empresas, este entorno plantea una serie de implicaciones clave:
Diversificación de riesgos | Las estrategias de abastecimiento energético y materias primas deben incorporar análisis geopolítico y criterios de resiliencia ante escenarios de disrupción global.
Relocalización de operaciones | La inestabilidad global puede acelerar procesos de nearshoring, especialmente en sectores intensivos en energía, con implicaciones para la infraestructura y la seguridad en países como México y Brasil.
Cumplimiento regulatorio | La agenda climática internacional y los estándares ESG imponen nuevas obligaciones a las empresas en cuanto a su huella energética, origen de los insumos y trazabilidad de sus cadenas.
Nuevas alianzas | Empresas del sector energético deberán adaptarse a un entorno donde convergen actores tradicionales, fondos soberanos, gobiernos y empresas tecnológicas en la carrera por el control de los recursos estratégicos del futuro.
En este panorama, América Latina se perfila no solo como proveedor clave en la geoeconomía de la energía pero como un territorio de disputa e innovación. Comprender y anticipar los impactos de la geopolítica energética será fundamental para la toma de decisiones estratégicas, especialmente para corporativos con presencia regional o ambiciones internacionales.
El conflicto entre Irán e Israel ha intensificado la incertidumbre geopolítica global, con impactos que alcanzan a América Latina en términos de estabilidad energética, comercio y seguridad. La reciente escalada militar y la fragilidad de las rutas comerciales clave evidencias la necesidad de que las empresas de la región fortalezcan su capacidad de monitoreo estratégico y de gestión de riesgos operativos, financieros y reputacionales.
La volatilidad en los precios de hidrocarburos, el desafío nuclear iraní y la posibilidad de una mayor intervención militar de potencias como EE.UU. mantienen latente la inestabilidad en Medio Oriente, con repercusiones fiscales y logísticas a escala global. En este contexto, América Latina enfrenta una creciente exposición a shocks externos, lo que exige mayor preparación ante disrupciones en cadenas de suministro, mercados financieros y flujos energéticos.
La resiliencia empresarial y la inteligencia geopolítica se consolidan como activos estratégicos para anticiparse a escenarios de crisis y aprovechar oportunidades emergentes en un ecosistema internacional en transformación.

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